Mijaíl Lérmontov


El demonio y otros escritos caucasianos

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En el comienzo de la cursada de “Literaturas Eslavas” de este año, respecto a la lectura de Pushkin, Laura Estrin dijo que durante nuestra lectura “nosotros no podemos sentirnos rusos”. Creo que eso es algo que podría decirse sobre cualquier poeta tan apropiado por una nación como Pushkin, o incluso, en este caso, Lérmontov. Pero pensé también en otra cosa. Me pregunté qué exactamente es sentirse ruso hoy, o mejor dicho, qué es ser ruso hoy.  Traje varios ejemplos de carácter ilustrativo para que puedan comprender la raíz de mi dilema.

El 27 de febrero de este año fue asesinado Boris Nemtsov, líder del partido republicano de Rusia y el opositor más mediático y ruidoso del actual presidente ruso, Vladimir Putin. Muchos rumores rodeaban su figura, entre su corrupción y sospechoso enriquecimiento en la década del 90 cuando fue ministro de combustibles y energía, así como supuestos tratos con la CIA norteamericana. Lo que es preocupante, sin embargo, no es el hecho de que un político ruso sea corrupto, sino el asesinato mismo. Nemtsov fue baleado a quemarropa desde un auto mientras cruzaba el “Gran Puente del Río Moscú”… para los que no conocen mucho de geografía de la ciudad, piensen que es pleno centro, es balear a alguien en Florida y Corrientes solo que con menos gente… A la brevedad, no tardaron en subirse las fotos de su cadáver en los portales de noticias y en las redes sociales. Había un fuerte aire de soledad en la escena; el puente de noche, con las luces de los paseos de compras a lo lejos, unos policías en la escena, muy pocos, un cordón y el cadáver de Nemtsov, ensangrentado, en el medio, muy solo.

No sé si la policía rusa es muy eficaz, o simplemente ya todo se sabía de antes, pero el asesino fue descubierto dos semanas después. Por supuesto, que todas las figuras mediáticas de Rusia y sus alrededores no tardaron en expresar sus opiniones al respecto, pero entre todos los magníficos comentarios, me quedo con uno de Ramzan Kadyrov, el actual presidente de la República Chechena. Kadyrov calificó a Zaur Dadaev, el supuesto asesino de Nemtsov, como un “verdadero patriota”, un “guerrero valiente”, y un “verdadero hombre”. El mencionado Dadaev es un soldado de uno de los regimientos más importantes de la república y recibió varias medallas en su vida por su lucha contra el terrorismo checheno. Parece que retrocedimos doscientos años, pero no es así. Tanto Kadyrov como su padre, en un principio, fueron líderes chechenos en la primer guerra contra Rusia, y una vez iniciada la segunda guerra, se pasaron al lado de la federación. Acá tenemos una concepción de lo que es el Ruso, dicho, nada menos, por el actual presidente ruso de Chechenia, una región del Cáucaso por excelencia.

Otra historia. En el verano del 2014, fuimos con mi madre al consulado ruso en la ciudad ya que nuestros pasaportes estaban vencidos y necesitábamos renovarlos. El proceso de renovación o de petición de documentos es particularmente arduo, el pedido debe pasar por mil barreras, y una de ellas es el mismo personal del consulado, que se renueva casi todos los años. Un ambiente represivo, y con excesiva mala onda de todos los funcionarios. Si alguna vez leyeron a Gogol, así, solo que menos gracioso. En medio de esta situación, en la televisión, estaban dando un documental titulado “Bioquímica de la traición”, una investigación sobre emigrantes rusos de diferentes países y el motivo de su tal llamada “traición a la patria”. El documental es del 2012, conducido por un periodista televisivo muy respetado. Ahí estábamos, también, nosotros, una familia de traidores a la nación. Mientras nos decían que nuestros certificados de domicilio estaban misteriosamente “perdidos” y debíamos enviar una declaración jurada acerca de nuestra residencia en Moscú, ya que sin eso, habíamos dejado de ser ciudadanos rusos, un afiche enmarcado nos miraba desde lo alto de la pared. Un afiche viejo, de la época soviética, con el dibujo de un cana, que decía “¡Trabajador de la policía! Esté atento; ¡no tiene el derecho de relajarse ni por un minuto!” Consulado ruso, ciudad de Buenos Aires, año 2014.

Así, mediante la expatriación burocrática, también nos definían como no rusos, a la vez, definiendo lo que es ruso. ¿Qué esperanza nos quedaba? El sistema nos pasó por encima. Mucho más para mi hermano, que nació acá; no tiene esperanza de poder llamarse ruso. Lo ruso se establece por la negación, por lo que no hay que ser.

Lérmontov es un autor que nos llega de la mano de Pushkin; es imposible leerlos por separado. Sin embargo, Lérmontov queda un poco escondido detrás de la enormidad nacional de Pushkin, al menos, para los lectores occidentales. Esto es un error. Más de 1700 calles llevan el nombre de Lérmontov, museos, teatros, hasta una ciudad. La importancia de Lérmontov no puede pasarle desapercibida a cualquier lector serio de la literatura rusa. “Lérmontov nació no de una mujer, sino de una bala, que cayó en el corazón de Pushkin”, dirá Evtushenko ya durante la época soviética, algo que quizás puede aplicarse a todos los autores rusos. Pushkin es algo así como el sol centro del sistema planetario de la literatura rusa, y Lérmontov, en todo caso, es una luna gigante que lo orbita. Un logro para nada menor, para un poeta de apenas 26 años de edad.

El caso de Pushkin es más entendible; escribió prosa, poesía, poemas narrativos y otros más cortos. Retrató a una nación; inventó una lengua literaria.  El caso de Lérmontov es más complejo; su producción literaria se definió por la disidencia, por el exilio y por el Cáucaso, región de guerras y conflictos étnicos y religiosos. Los poemas que componen este libro, corresponden a este último período de sus publicaciones y también, censuras, quizás los mejores poemas de todos los que escribió. Lérmontov es arrestado y enviado al Cáucaso en el año 1837, a causa de su poema profundamente polémico, “La muerte de un poeta”, dedicado a Pushkin, acusando al zarismo de su muerte. No voy a decir mucho más sobre este período, y voy a dejar que lean el excelente texto que escribió Fulvio Franchi sobre Lérmontov. Sin embargo, me interesa esto último; ¿cómo puede un poeta, caracterizado por el enfrentamiento a la censura, a la represión y al ahogo, convertirse en una figura tan canónica de una literatura nacional?

Actualmente, Rusia se está construyendo en base a la creación de los enemigos, como oposición a todo lo externo; los emigrantes, Estados Unidos, la Unión Europea, Ucrania, los terroristas.  Creo que siempre se construyó de esa manera. Se trata de definir lo no ruso, nuevamente, y lo no ruso como enemigo de la patria. Lamentablemente, en esa bolsa de lo no ruso cae prácticamente todo.

Se suele decir que Pechorin, el protagonista de un héroe de nuestro tiempo, y Eugenio Oneguin, el personaje de Pushkin, son los arquetipos del ruso que se repiten y reinventan a lo largo de la literatura rusa. Sin embargo, creo que el personaje que siguió en la historia rusa y en su literatura, es otro; son los mismos poetas. Figuras incómodas, disidentes, que van y vienen del canon de diferentes formas, con censura o no. Se dividen sus obras, se dice qué leer o no, se censuran partes y se reformulan otras; pero en el fondo, lo que realmente se quiere reformular son sus vidas. El personaje canónico de la literatura rusa es el desterrado, el disidente, el exiliado, el no-ruso, y la esencia de ese personaje es lo que siempre permaneció, y permanecerá en la cultura rusa.

Nikita Gusev

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