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Infancias

Infancias

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En una carta, Rilke le pregunta a un joven escritor: en caso de estar recluido ¿no tendría siempre su infancia, esa riqueza preciosa, grandiosa, fuente inagotable de recuerdos? Un poema que Alejandra Pizarnik dedica a Olga Orozco tiene esta bella sinestesia de herencia
simbolista: Mi infancia y su perfume a pájaro acariciado. Lo extraño es que sabemos por testimonios y documentos que estos dos poetas no tuvieron infancias que podamos calificar como felices. Aún así, vuelven la mirada hacia ese espacio donde las proporciones del mundo parecen ilimitadas.

Los poetas convocados para esta antología participan del Festival de Poesía en la Escuela. Esto significa que van a leerles poesía a los chicos. Y van a leer a los poetas que los influyeron, es decir, a sus maestros en ese arte.

¿Van a leerles poesía a los niños que fueron? ¿O confían aún en que ese espacio ilimitado de la infancia sigue vivo y seguirá en tanto haya poesía? ¿Será la poesía el acceso más directo al reservorio de la infancia, una forma de crear y recrear el mundo?

Infancias, así hemos llamado a esta antología. Tal vez para intentar aludir a la relación de cada poeta con esa época de la vida. Las formas de abordar el tema fueron variadas. Tal vez cada infancia guarda reversos de lo siniestro. La otra cara de los cuentos infantiles. Imágenes de sexualidad naciente. Tardes donde la gravedad adquiere otro peso. Las brechas en las realidades acordadas antes de que el mundo se despliegue como tal.

T.S. Eliot nombra al hogar como el lugar del que uno parte. A esa separación radical alude Hölderlin en el poema Cuando yo era niño. Hölderlin vive la salida de la infancia como una brutal separación de lo que lo rodea. Es, dice, la orfandad de quien creció en brazos de los dioses y aprendió el lenguaje de éstos antes que el de los hombres. Quien debe asumirse como individuo frente al todo, separado o frente a la naturaleza y ya no desde el sentido oceánico de pertenencia.

Contra los mandatos de la infancia, contra los libretos malaprendidos, el deseo reluce en cada poema. Las hamacas dan las proporciones del mundo. La presencia o ausencia de hijos, padres y abuelos. La dislocación temporal. Acaso toda infancia vuelve a ser creada y recreada desde el ahora del poema.
Y volvemos una vez más a leerles poemas a los niños que fuimos. A los que son.
Los que serán.

Prólogo de Javier Galarza

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